Breve Introducción a la Toltekayotl…

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TOLTEQUIDAD: LA MÁS ALTA CULTURA DE MESOAMÉRICA

Toltekayotl o Toltequidad fue el resultado cultural de todas las naciones de Mesoamérica (antes llamada Anawak). No pertenece exclusivamente a los nawaparlantes, algunos de los principales aportes toltecas los hicieron los mayas y zapotecas. La definición indígena del término Toltekayotl aparece en el Diccionario del Padre Molina (recogido a viva voz durante la invasión), y dice: “Arte para vivir”.

El primer pueblo “tolteca” en sentido cultural fue el olmeca, cuyo período de las grandes cabezas comenzó hacia el 2000 antes de Cristo. Los olmecas definieron principios esenciales, como la escritura, el calendario, la filosofía del Tonal y el Nagual, los conceptos de Ometeotl y Ketsalkoatl, las posturas hieráticas de meditación, etc. Entraron en la decadencia en el siglo X a. C. y ya no existían como civilización para la época en que nació Platón.

Teotihuacan, “donde nos divinizamos”, es el nombre que dieron los mexicas a una ciudad que ellos encontraron en ruinas. A partir del desciframiento de la escritura maya (los mayas eran políticamente dependientes de Teotihuacan) se ha podido saber que su nombre real era Tula. Este deriva de Tol, “marchar en común”, y fue el nombre que se dieron los pueblos emigrantes que salieron de la Meseta Central Tibetana para poblar el mundo, hace unos 20 mil años. En la actualidad hay Tulas desde Grecia hasta los Andes, siendo la principal una ciudad que pertenece a Rusia.

La Tula del estado de Hidalgo se llama Xicocotitla, “lugar de las avispas”, por causa del monte que hay en sus cercanías. Incorporó el título de Tula debido a que en su momento fue una capital (también lo tuvieron otras ciudades como Texcoco o Tenochtitlan). Fue allí donde nació el último mensajero de Ketsalkoatl hace 1056 años. A él se atribuye la reestructuración de la Toltequidad, y en consecuencia, de su lado esotérico, el Nawallotl.

El mensaje tolteca contiene unos principios muy actuales. Afirma que la creación es producto de dos fuerzas polares (Nagual, oscura o invisible, y Tonal, luminosa o visible), llamadas en su conjunto Ometeotl, divina dualidad. Este concepto se representaba mediante dos cuerdas que se entrelazan y forman en su conjunto el jeroglífico Ollin, movimiento, o bien mediante un triángulo con una atadura en su centro, que implica la unión de las dualidades.

Ometeotl procede por evolución. Dicho en otros términos, la creación es un proceso continuo que va desde la oscuridad a la luz a través del despertar de la conciencia humana. No hay mejor guía para nuestra evolución que la propia conciencia. “Haceos toltecas: hombres de experiencia propia.” (Olmos, Huehuetlahtolli)

La teología mesoamericana se apoyaba en tres principios cardinales: ciclicidad, evolución y relatividad. El mundo es el producto de una fuerza trina que se manifestaba en cinco dimensiones, estados de conciencia, ciclos temporales y personalidades de Ketsalkoatl.

El poder creador recibió el nombre de Ometeotl. Ometeotl no es Dios, sino un principio trascendente que concilia toda dualidad (Yilan-Kailan, par e impar, o Tonal-Nawal, luminoso y oculto, esto es, el orden perceptible a nuestros sentidos y su contraparte energética).

Significado de las raíces del nombre de Ometeotl:

On, unidad.

Ome, dualidad.

E, trinidad.

Teotl, divino, energético.

Significado integrado: Divina Uni-Dual-Trinidad.

Definición del Códice Vaticano 3738:

“Omeyocan: este es como si dijésemos la causa primera, por otro nombre llamado Ometeotl, que es tanto como ‘Señor de Tres Dignidades’… (cuyos aspectos son) Olomris, Hivenavi, y Nipaniuhca.”

1ro. Olomris, Oloni, aquel de quien mana (la existencia).

2do. Hivenavi, ortografía arcaica del término Iwinawi, el dispensador de dicha.

3ro. Nipaniuhca o Nepaniu’ka, el sintetizador, nombre del punto central de la cruz.

Ometeotl procede por evolución. Dicho en otros términos, la creación es un proceso continuo que va desde la oscuridad a la luz a través del despertar de la conciencia humana.

“Hacia los cuatro rumbos está Tula. Hay una Tula en el oriente y otra en el Inframundo; hay una donde se pone el Sol y otra en el trono de Dios.” (Anales de los Xahil 4)

No hay mejor guía para nuestra evolución que la propia conciencia. Así lo dicen los textos sagrados:

“Haceos toltecas: hombres de experiencia propia.” (Olmos, Huehuetlahtolli)

A partir de este énfasis en la experiencia, no puede extrañarnos que en el antiguo México se le haya prestado una atención especial a los ejercicios, posturas y gestos simbólicos.

Las creencias religiosas de los mesoamericanos son un producto histórico. Se fueron formando durante cuatro o cinco mil años de prehistoria, y hacia el tiempo de los olmecas se organizaron en un tejido coherente.

En ellas no había una diferencia nítida entre lo que hoy llamamos “religión”, “arte”, “ciencia” y “filosofía”. Por ejemplo, tanto el sacerdote, el astrólogo como el matemático llevaban el título de Tonalpou’ke, contador de días.

“Quienes llevan la cuenta de los días, quienes saben cómo se mueven las estrellas, quienes repasan los números, a ellos les corresponde hablar de los dioses.” (Informantes de Sahagún)

La unión de Dios y el hombre, el espíritu y la materia, lo singular y lo plural, las fuerzas evolutivas y las involutivas, recibió el nombre de Ometeotl. Ometeotl no es Dios, en el sentido cristiano, sino un principio trascendente integrado por la dualidad llamada Yilan-Kailan, par e impar, y Tonal-Nawal, luminoso y oculto, esto es, el orden perceptible a nuestros sentidos y su contraparte energética.

Los toltecas consideraban que la historia del mundo era una peregrinación de la conciencia por diversos planos de materialización.

La creación no es un producto final de Ketsalkoatl, sino el resultado de una serie de esbozos creativos. Lo primero fue la introducción de un principio conciente en el caos, que dividió la existencia en Tonal y Nagual. A partir de ahí, el impulso de la conciencia pasó por una metamorfosis similar a la de la oruga, teniendo su clímax en el momento en que quedó envuelta y limitada por “capullo de seda” del mundo material.

Cuando el poder creativo de Ketsalkoatl alcanzó su máxima especialización, quedó transformado en trece dioses o poderes que en conjunto crearon al hombre de maíz. El maíz es un símbolo de la inteligencia. Entonces la creación se centró en el hombre como responsable de los destinos de la energía.

A través del sacrificio de lo personal y la búsqueda de merecimiento, los dioses presentes en nuestro interior se sintetizan como poderes divinos, hasta retornar a la plenitud de la Serpiente Emplumada.

La escala celeste se llamaba Topan, mundo superior. Tenía siete planos desdoblados en trece moradas. Su reflejo inverso o terrestre era el Miktlan, rumbo de los muertos, dividido en nueve moradas que se estructuraban en cinco niveles. Ambos ejes se conectaban en  Tlaltikpak, sobre la tierra, el plano de la atención humana normal. El conjunto recibía el nombre de Semanawak, unidad en la diversidad, de las raíces Sen, uno, y Anawa, contrario. Era equivalente a nuestro concepto de Uni-verso.

Tlaltikpak se desplegaba hacia los cuatro rumbos – que en el ser humano, son los aspectos básicos de la personalidad: cuerpo, instintos, emociones y mente -, cuyos soportes eran los cuatro Tamemes, cargadores del espacio-tiempo, a quienes hoy día conocemos como las energías básicas del Universo.material.  La elección de los números cinco-nueve y siete-trece como ejes estructurales del Cosmos, cosntituyó la base de una especie de “cábala” tolteca de gran profundidad y riqueza.

Actualmente, hay cierta controversia en lo relativo al concepto de toltequidad como CULTURA más que como una nación o etnia que floreció en Tula Xicocotitla, en el actuarl Estado de Hidalgo, México. Lo cierto es que en 1941 un grupo de académicos resolvió que la «única» Tula era ésa y ninguna más, pero grandes debates y otros académicos que no estuvieron de acuerdo han ido abriendo paso a la luz de que «lo» tolteca es una manifestación muy alta de civilización y que probablemente su origen se remonte inclusive a antes de los olmecas, aquellos primigenios forjadores de civilización (2500 a 3000 A.C.)

Otros afirman que este concepto (toltecayotl) es moderno y está siendo abusivamente utilizado para oscuros y comerciables fines personales, cosa muy alejada de la realidad.

Existe un párrafo, recogido en el S.XVI en el que se expresa diáfanamente la antigüedad de la Toltekayotl:

Uel itech peuhtica, uel itech quiztica

in Quetzalcoatl in ixquich in Toltecayotl,

in nemachtilli…

Ihuan in tlamacazque Tollan tlamatiliztli

inic otlamanitiaia, inic otlamanca in nican Mexico

En verdad con Él se inició, en verdad de Él proviene

de Quetzalcoatl, toda la Toltequidad,

el saber…

Y los sacerdotes así guardaban en Tula Sus preceptos,

como se han guardado aquí en México

 

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