Viajar en el tiempo entre las ruinas de una ciudad imperial

José Antonio Iniesta

Viajar en el tiempo entre las ruinas de una ciudad imperial

 

Roma, Italia, Foro Romano.

20 de octubre de 2003.

Con ese sentimiento de vértigo al ver que el tiempo se había detenido, me senté para respirar el aliento de la historia de los siglos en el Forum Magnum, sobre el pavimento de travertino. Cuántos templos como si fueran de ayer mismo, de Cástor y Pólux, el dedicado a Vesta, los de Rómulo y de Venus y Roma. Por las grietas resurge el sollozo de las grandes batallas, la muerte extendiéndose por las calles. Todavía parece que se huele la humareda del gran incendio que hizo que culparan a los cristianos y los convirtieran en teas vivas y ardientes. Hay un vacío que se extiende entre los arcos de Septimio Severo o Tito. En lo alto rememoro con mi propia imaginación las saturnales, el carnaval en el que los rostros se ocultaban y las mentes se relajaban en el frenesí indescriptible. Me envuelve el fragor de las grandes campañas militares para someter con espadas y lanzas llenas de sangre a quienes Roma consideraba pueblos bárbaros. Desde aquel recinto milenario me encoge el alma el infinito, esa sensación gozosa y opresiva al mismo tiempo del paso de la historia, siempre densa y a la vez liberadora…

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