El dulce sabor de la esperanza

José Antonio Iniesta

El dulce sabor de la esperanza
José Antonio Iniesta

A ti, que te han salido surcos en los ojos de tanta lágrima derramada, te recuerdo que no hay dolor que no pueda transmutarse con una entrega suprema, ese amor de fuego y esperanza que consume todo lo que sea oscuro y denso, lo que nos quiere provocar tantas cicatrices en el alma.

            A todos aquellos que perdieron a seres queridos, que se miraron las manos vacías por no poder acariciar en el último momento a los que se fueron para siempre, les doy mi abrazo con los ojos cerrados, mi propio llanto para consolar su espíritu, para que sepan que, sin conocernos, somos uno en esta desolación que nos ha dejado tanta herida en la mirada, tanto cansancio en el paso agotado por unas calles que ya no son las de siempre.

            Para quienes contemplan los cristales empañados, desdibujada una realidad que se les ha quebrado y ya no entienden lo que pasa, siempre tendré un beso en la mejilla, un verso para recitarlo junto al fuego, para decirles que todos navegamos juntos en este navío del desaliento, que todos hemos visto que nos arrancaban páginas del libro que estábamos escribiendo, que somos uno en esta amargura incontenible. Para todos ellos pinto una esperanza en esos cristales que, algún día, cuando pase esta terrible tormenta, mostrarán un sol maravilloso como jamás lo hemos imaginado.

            A veces, ni yo mismo me sostengo, de tanto dolor como se ha acumulado en estos tiempos aciagos, pero sé de los seres de luz que nos arropan en silencio, de la fuerza incontenible de los seres humanos para abrazar a los más desesperados. Incluso agonizando en la más terrible de las pesadillas dibujamos sueños en un cuaderno arrugado.

            A ti, allá donde te encuentres, te doy un abrazo con toda la exhalación de luz de mi espíritu, para que sepas que somos uno en este profundo sentimiento de abatimiento, que todos hemos caído, pero todos nos levantaremos…

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