Con un ángel y un camaleón, símbolos de una eterna búsqueda

José Antonio Iniesta

Con un ángel y un camaleón, símbolos de una eterna búsqueda

 

Gandía, Valencia.

12 de julio de 2004.

Entrañable aquel viaje que nos llevó por mágicos lugares de la comunidad valenciana, para recorrer las entrañas de la tierra en Bocairent, visitar el Real Monasterio de San Miguel, en honor a San Miguel Arcángel, encontrando allí, por los azares del destino, a un gran amigo, Domingo Díaz, una de las personas que más ha hecho por la espiritualidad en España, y volviendo a encontrarme con Rocío Armendáriz, a quien, por cierto, tuve en otra ocasión el honor de entrevistar en el corazón de la vieja Murcia durante más de seis horas en relación a su más que prodigiosa vida. Y todo ello gracias a la invitación de una persona de asombrosas facultades, Encarna Bertó, alojados en su casa de Gandía, la ciudad de origen de los Borgia, que tanta influencia tuvieron en el pasado en el Vaticano y en la historia de Roma. Y allí, junto a la figura de un ángel, un camaleón caminaba sobre mi hombro mostrando sus ojos abultados, todo ello como símbolo de una andadura interminable. El ángel, porque siempre están a nuestro lado, guiándonos en el sendero de la luz, y el camaleón, porque hay que ser como ellos: cambiando de color, de apariencia, para mimetizarse en cada ocasión con el paisaje que se recorre, por aquello de “donde fueres, haz lo que vieres”. Y entre ángeles y reptiles se va abriendo el camino…

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