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Escribir sobre "El enigma de las siete luces" no es fácil,
porque no es un libro común. Cuando uno coge el libro por
primera vez, tal vez tiene la impresión de que se encuentra
frente a un libro más de fantasía épica, pero
no se tarda mucho en ver que no, que el libro es algo más,
que nos encontramos ante un libro que verdaderamente esconde muchos
enigmas, que estamos ante un libro iniciático.
A un estudiante de ciencias como yo, poco acostumbrado a comentar
libros, quizá le cuesta trabajo expresar sus ideas, por eso
voy a hacerlo de la mejor manera que sé, de manera fácil
y con poca retórica. "El enigma de las siete luces"
está tan plagado de misterios que quizá sólo
el escritor y poca gente más ha logrado desentrañarlos
todos. El libro encierra parte de los grandes misterios de la tradición
hermética. En el inicio del libro está el principio
básico del hermetismo: "Así es arriba como es
abajo". Al leer esto uno ya se da cuenta de que no se debe
leer como una novela, que hay que ir con detenimiento, estudiando
los párrafos con calma para sacar el mayor provecho posible
de las enseñanzas del libro.
Con las andanzas de Khalima y Uf, uno sigue su propio camino. No
de igual manera, pero sí de forma parecida, lo que les ocurre
a ellos es lo que nos ocurre a todos en nuestro desarrollo personal,
la búsqueda de las tablillas de los espíritus de la
tierra, es la búsqueda que seguimos todos para comprender
a los demás y comprendernos a nosotros mismos; las enseñanzas
del chamán son las enseñanzas de la madre naturaleza,
enseñanzas que por desgracia pocos comprenden, porque estamos
demasiado ocupados para escucharlas.
Pero para mi gusto, la mejor parte de este libro es la búsqueda
de la espada de fuego en la pirámide, es el recorrido de
la Gran Obra, el recorrido de crecimiento espiritual. El encuentro
con el viejo cantero, representación del relojero cósmico,
del demiurgo que rige destinos, nos hace reflexionar acerca del
significado del tiempo, y de los dioses, es el capitulo (o luz),
al que más provecho le saqué. Luego el duelo con el
mal, es el duelo que todos llevamos dentro, el duelo perpetuo entre
nuestro lado de luz y nuestro lado de oscuridad, porque hemos de
tener claro que no puede existir una sin la otra.
Por último el enigma, el gran enigma que esconde el libro,
que yo no soy quién para desvelar aquí, tan sólo
aconsejo la lectura minuciosa del libro, y que piensen en las dos
dimensiones que nos da un espejo, la real y el reflejo. No puedo
evitar dar una pequeña ayuda, que el lector de este texto
piense en las muñecas rusas, una dentro de otra.
No me queda sino aconsejar a todo el que no haya leído "El
enigma de las siete luces", que lo lea con detenimiento, y
que busque un reflejo suyo en el libro, seguro que en alguna parte
de él lo encontrará. Señoras y señores
lectores, disfruten resolviendo los enigmas, que yo por mi parte
voy a releerlo para ver si descubro otro enigma que antes se me
haya pasado.
Que la sabiduría sea con vosotros.
Escrito por Juan Diego López Heredia en una lluviosa tarde
de primavera.
Lo escribe un estudiante manchego de Físicas en Córdoba.
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